miércoles, diciembre 23, 2009

Ese difícil oficio de siempre hacer reír

*Este círculo vicioso te hace querer estar lo más lejos posible, pero también te hace saber que siempre volverás, una y otra vez, porque en el fondo lo último que quieres es estar lejos.


El desenlace fue exactamente como ella lo predijo. “Eres un tonto. Vas a perder a las dos”. Dicho y hecho. Esta es tu historia, Onírico. Quién miércoles te entiende.

LA FIJACIÓN EN LO PROHIBIDO
A las personas a tu alrededor, mi estimado onírico, no les sorprendió ni un poquito cuando les comentaste que te gustaba y que estabas saliendo con celeste, una de las mejores amigas de tu ex enamorada. Total, ya habías tenido algo con dos ex de un amigo tuyo. Y hasta habías reconocido esa extraña debilidad por las mujeres de los otros. Acaso esta nueva faceta era solo una extensión de tu incontrolable genio.

Para lograr tu cometido debiste ser paciente y esperar. Lo supiste desde ese día en el que esa falda blanca y esas dos piernas gruesas y morenas, deliciosas y morenas, te cambiaron totalmente la perspectiva. Pero fuiste amigo, esperaste y respetaste la relación que tenía en ese momento. La espera dio sus inesperados frutos y de pronto estaba sola y más pronto la tomabas del rostro y se fundían en inacabables y enardecidos besos. Todo pasó tan rápido, que no pudiste procesar la evolución de amiga de tu ex – amiga – salida. Un día era uno y al día siguiente el otro. Nada de qué quejarse, onírico. Lo habías logrado, y estabas tan contento.

ESE DIFÍCIL OFICIO DE SIEMPRE HACER REÍR
Debes aceptar, mi estimado onírico, que en ningún momento pensaste que fuese tan complicado. Los impedimentos iniciales: salía de una relación complicada, la ex que no debía saber y el viaje por el verano que haría en 4 meses (esta vez te dieron verdad y no una supuesta partida). Tú dijiste que solo pensabas en el presente y no en el futuro, pero en el fondo lo sabías bien: tu objetivo era convencerla poco a poco.

Superar una barrera no lo hizo más fácil. Le dijeron a la ex y se armó una grande. Por un lado, ella había tomado a bien que su amiga y tú sean tan patas; por el otro, tu ex te estaba ayudando y acompañando en un momento delicado para ti: tu abuelito estaba mal y ella estuvo a tu lado. ¿Escogiste bien el momento para decírselo?

Pero esa barrera, aunque con tropiezo, pues perdiste la amistad de tu ex, la superaron. Pero aún habían otras más difíciles: sus problemas que no podía contar. Pero así, a ciegas, estuviste a su lado, y sin preguntar te abocaste a hacerla sentir bien. A hacerla reír todos los días. A estar a su lado lo máximo que pudieras. Casi no dormías en días. Pero siempre había espíritu para hacerla reír. Matarse de risa de lo que sea, pero juntos, era la mejor recompensa para ese humilde oficio de siempre hacer sonreír a la otra persona.

MALDITO CÍRCULO VICIOSO
La primera vez dejaron de salir por el berrinche de la ex. La segunda, también. Mejor no comentar el grave pero pasajero desliz de celeste en ese breve lapso de separación y esa fuerte discusión que pareció el verdadero fin, pero que fue solo otra falsa alarma.

La nueva unión pareció la definitiva. Así lo creíste. Te enamoraste, mi estimado onírico. Otra vez. Perdiste la cabeza y también el rumbo. Perdiste la noción de tu humilde oficio y caíste en la desesperación -totalmente comprensible y lógica- de la paranoia de querer y no poder.

Por eso ese egocéntrico ‘yo’ al pensar que si estaba rara era por ti. ¿Cómo no pretender exigir más cuando fue celeste la que te buscó de nuevo una semana después de decirte “estaría contigo, si no me fuera de viaje”?.

Pero sus problemas siempre fueron mayores que tus encantos. Tu oficio por amor al arte tenía fecha de caducidad. Un buen día (una mala noche, en realidad) una infructuosa charla bloquearía el camino. A pesar de tus últimos intentos, esas cartas, mails, llamadas, besos y esos íntimos encuentros no cambiarían nada. Una última conversación, semanas después, terminó de clausurar la travesía.

SE BAJA EL TELÓN
Terminaron en buenas condiciones. Su historia tenía fin, pero no la tuya, onírico. Tú aun tenías un asunto por resolver. Por eso te apareciste de improviso en la casa de tu ex y con poquísimas palabras le agradeciste (cosa que no habías hecho antes) por haber estado a tu lado en ese difícil momento de tu abuelo, y aceptaste que contarle que salías con una de sus mejores amigas no fue la mejor decisión justo en ese contexto.

Fue un gran gesto y un acto justo. Pero como a ti te persigue el drama, tu gesto no solo fue malentendido, sino reproducido de la manera incorrecta, y directo a los oídos de celeste.

Ese es el precio de ser bueno, onírico. Podrás culpar al karma que no te suelta desde hace años. Podrás culparte a ti y repetirte una y otra vez que cavaste tu propia tumba, que todas las voces te dijeron, y hasta con eco, que no lo hagas, pero lo hiciste conociendo el final por un terco y romántico deseo de cambiar el destino.

Maldito romántico.

Y podrás culparla también por hacer lo que más te puede joder: que ya tengan a otro. Y ella también podrá culparte por ese ‘yo’ del que tanto se quejó de ti y podrá aferrarse a odiarte por esa malinterpretación de tu gesto de agradecimiento una vez bajado el telón.

Puras excusas para olvidar. Aletazos amargos de un ahogado que intenta que se lo lleve la corriente como un pez desmemoriado. Dicen que odiar es la mejor pastilla para olvidar. Pero otros prefieren alejarse. Estar cerca puede ser como morir a pedazos. Y tú eres autodestructivo, mi estimado onírico. De otra manera no se puede explicar esa obstinación por querer mantenerte cerca sabiendo que por dentro te estás haciendo mierda.

Quién miércoles te entiende.


Catupecu Machu - Magia Veneno


"Lo que pides, lo que puedo, lo que queda en intentos.
todo a punto de alterarse, siempre a todo momento.

(...) de la luz hacia lo obscuro, magia veneno.
De lo obscuro hacia la luz, todo nuevo.
respirarse, emborrachar morir y seguir viviendo"

......

Y esta estrofa, también de Catupecu Machu (Hechizo):

"ganar o perder, sé que nunca me importa, lo que embruja es el riesgo.

(...)y subes a otro nivel, y no puedes llegar ni siquiera a tocarlo.
y sientes que estás completamente agotado, y no entiendes por qué".

martes, noviembre 17, 2009

La verdad de las mentiras


La relación que más te marca es la que más te cambia.
Lo que hagas después será consecuencia de lo que hayas hecho antes. O de lo que te hayan hecho. O de lo que nunca hiciste.

No volverás a llevar de la misma manera tu próxima relación. Habrá cosas que harás de manera distinta. Cosas que dejarás de hacer y otras que esta vez sí estarás dispuesto a hacer. Esta vez creerás algunas cosas, otras no. Esta vez no pecarás de ingenuo. En esta ocasión no harás de mártir.

Cada uno según lo que le tocó. Yo me volví desconfiado. Súper desconfiado. Pedirme que confíe es mucho. A las justas creo en mí mismo. Pero ni siquiera confío en todos mis pasos.

Aprendí que las cosas tienen una razón. Aún cuando aparentan no tenerla. A veces la logras saber al instante, otras te caen como baldaso de agua fría casi un año después.

Cuando vez rasgos similares, acciones parecidas, respuestas afines, te preguntas si no estás cavando tu propia tumba.

Pero eres terco. Y por algo lo eres. Hay algo ahí que te hace seguir. No quieres pensar más. No piensas que quizá es solo una obstinación, que podría ser no querer estar solo, muchas variables. ¿Acaso un simple ánimo autodestructivo?

Qué importa. Cuando quieres algo, lo quieres como viene. Piensas que tienes un límite, pero te das cuenta de que cada vez es más elástico. Y un día dices “ya fue”, y al otro piensas todo lo contrario. Y se vuelve un círculo vicioso.

Y es que no la entiendes. No puedes entenderla. Te desesperas y quizá mejor mandar todo al diablo. Y sientes que sin hacer nada lo haces. Pero es solo cuestión de tiempo para que te des cuenta de que lo que sientes es más fuerte que su impedimento.

Maldito círculo vicioso. Aprendiste de tu antigua relación. Aprendiste. Pero aprender no significa corregir. Aprender es solo saberlo.

Y cuando no se tienen respuestas es inevitable lanzar mil hipótesis. Sin querer asumes una y la das por cierto porque de algo te tienes que coger. Todo será más fácil si te lo dijera, pero ahora eres tú quien debe resolver ese misterio. Y resolverlo en la cabeza no más, porque nada sólido tendrás. (Y ay si te lo dijera..)

Y siempre vuelven. Siempre vuelven. Y tú siempre atracas. Siempre atracas.
No. No siempre. No siempre ambas cosas.
Pero toda reconciliación, toda nueva oportunidad siempre es bien vista.
Y tú la esperas. Por afuera demuestras lo contrario.
Pero por dentro sabes muy bien que siempre la esperas.

Siempre la esperas.


miércoles, octubre 28, 2009

Drama queen y casi un perro del hortelano

*Casi un perro del hortelano. Vive, pero no deja vivir. Es feliz, pero no permite que otros lo sean. Se lo toma a modo personal. Solo está pensando en sí misma.


En el océano de las relaciones, soy un pez contreras. Nado contra la corriente. No sigo convenciones.

Siempre seguí una máxima: mientras no le hagas daño a nadie, sigue pa’ lante. Y así lo hice. En el enmarañado mundo de las relaciones, aprendí a ser bueno luego de algunas ocasiones, y el tiro me salió un tanto por la culata.

Hay cosas que a primera vista suenan complicadísimas y hasta dan mala espina, mala vibra. Yo también he vivido en carne y hueso esto, pero pondré el ejemplo de un amigo, porque su desenlace es más sincero y es más producto de una decisión natural, y no impuesta.

Compañero, colega, usted sí que estuvo a la altura de las circunstancias. Un ejemplo de madurez y de superado. Una muestra de comprensión, una antítesis del egoísmo y un modelo de lucidez.

Alguna vez me contó que su ex enamorada estaba rara. Que no lo saludaba igual, que en su presencia se comportaba extraño. Luego, aunque esto me lo dijo después, le contaron que habían visto a uno de sus mejores amigos junto a ella. Creo que fue un par de veces, en alguna discoteca.

En ese momento, no supo relacionar ambas cosas. Pero luego lo comprendería bien. Como por arte de magia, todas las piezas se juntaron y la conclusión final fue como un disparo que fulminó su mente, pero no su cuerpo. Simple: el tiro no iba dirigido a él.

Por eso lo tomó deportivamente. Le pareció extraña la situación, pero sabía que no lo habían hecho por fregarlo ni mucho menos. También sabía que él ya no sentía nada por ella y que entonces no tenía ninguna razón para molestarse.

¿Armar un escándalo porque se trataba de su ex? Pensó que estaba por encima de semejante drama sin sentido. Optó por una decisión con más pantalones: fue a hablar con su amigo para preguntarle si salía con ella y decirle que no tenía mayores problemas de ser así. Él se le adelantó y le contó la verdad: salían, se gustaban y se querían. Pero solo salían. No había planes de estar.

……………

Es inevitable e imprescindible recordar algunos aspectos a priori. Los tres ya los había comentado en el post anterior, así que solo los mencionaré, como para tenerlo en cuenta: Nadie es propiedad de nadie, nadie decide quién le va a empezar a gustar y negar sentimientos es contranatura.

……………

Mi amigo aceptó –no sin sentirse un tanto extraño- que su amigo saliera con su ex. No es que le pidieron permiso, pero ante lo inusual era mejor que lo supiera. Poco tiempo después, un par de preguntas, respuestas e incógnitas que quedarán al aire le rondaron por la mente.

1. ¿Y si en vez de ser tan comprensivo, le hubiese hecho más caso a mi primer instinto y convertía esa extrañeza en mal humor, en una discusión con el amigo? ¿Cuánto hubiese cambiado mi relación con él? ¿Qué hubiera pasado?

Concluyó que hubiese pecado terriblemente de egoísta y de mal amigo. Si él ya no sentía nada por su ex, ¿por qué le negaría diversión, cariño y compañía a uno de sus mejores amigos? Y, sobre todo, si su buen amigo no hizo nada para hacerle daño ni fregarlo, ¿por qué él sí lo haría? No tendría mucho sentido.

2. ¿Debió hacerle un drama a la ex porque ‘se metió’ con uno de sus mejores amigos?

Nuevamente se sintió por encima de querer crear una tragedia a partir del tema. Aceptó que no lo hizo a propósito. Y si ya habían terminado hace dos años, ¿tenía sentido molestarse tanto? Resolvió que la imagen que proyectaría sería la de un ex que aún siente algo. Y nada más falso que eso. Entonces, ¿para qué? No encontró ni media respuesta. ¿Por una simple convención? Qué tontería, pensó.

3. ¿Debió escuchar más a sus amigos?
En primera instancia, todos estuvieron de acuerdo en que no estaba bien lo de su ex y su pata. Pensó entonces que él debía pensar igual. Si todos pensaban así, pues debían tener razón. Pero lo que no se daba cuenta en ese momento era que sus amigos simplemente le decían lo que él quería escuchar. O simplemente asentían, sin decir lo que en verdad pensaban. Cuando les dijo que había resuelto estar normal al respecto, ahí recién le dijeron que en verdad era lo mejor, pues no había por qué hacer roches. Y aunque hubo un par de ellos que se empecinaron, dios sabe por qué, en crear drama y querer imponerle molestia y resentimiento, no se dejó influenciar y fue más inteligente que eso.


Su cambio de actitud no fue gratuito. Que en un momento le haya parecido extraño y hasta le haya fastidiado, y luego lo haya aceptado sin dramas ni roches, no fue producto de un simple cambio de humor.

Frente a la extrañeza del momento, un buen libro se apoderó de él. Era preferible pensar en otra cosa. Una frase saltó a la luz.

Casi un perro del hortelano. Vive, pero no deja vivir. Es feliz, pero no permite que otros lo sean. Se lo toma a modo personal. Solo está pensando en sí misma. Drama queen y siempre termina siendo como ella quiere que sea. Así sea a costa de fregarle la vida al resto. Su egoísmo no cree ni en sus amigas”.

Él no quiso acabar así.
Tú sí vales, mi hermano.

*Mi caso no tuvo ese final. Pero ese ya es tema del siguiente post.

Al menos (mail mediante) te dejaré esto.
What is it with you that makes me act like this?(8)

Pink (en video es mejor)

miércoles, septiembre 16, 2009

Juguemos a las escondidas

*Carta a una lady y una canción para tener en cuenta.



Unos buscan los espacios más propensos a ser descubiertos para iniciar una acalorada sesión amatoria.

Otros empiezan una relación prohibida, ante el adrenalínico y placentero bichito de que los demás no sepan lo que a su costado sucede.

Yo me declaro parcialmente del segundo grupo.

En mi caso, no es un juego. No es a propósito.

Recién lo he descubierto y puedo sacar dos conclusiones a partir de ello, sin revelar explícitamente lo que mi situación se trae entre manos.

1. Nadie es propiedad de nadie.

Cuando una relación termina, hay que dar por hecho que ello implica un verdadero fin. Aún exista la posibilidad de un eventual regreso, al menos momentáneamente se ha establecido el cierre de un camino. Si se reabre o no, ese ya es otro tema.

Por lo tanto, cualquiera (y lo subrayo, cualquiera) puede comenzar una relación con alguna de esas dos personas.

Esto me lleva a la segunda reflexión.

2. Negar sentimientos es contranatura.

Uno no decide quién le va a gustar. Eso simplemente sucede.
(Sí se puede escoger a quién uno le va a gustar y hacer todo por lograrlo, pero ese también ya es otro tema).

Por eso, considero comprensible pero inútil establecer restricciones a ciertas acciones desencadenadas por los gustos.

- Que tus amigos(as) no se puedan meter con tu ex.
- Que tu ex no se pueda meter con tus amigos(as).
- Que no te puedas involucrar con alguien de tu trabajo (así sea tu jefe).
- Etc, etc.

Espinoso campo.

Estoy seguro de que la mayoría establece eso como máximas. Sin embargo, transgredirlas es más común de lo que uno cree.
El hecho de que sea habitual no lo hace bueno. Pero sí humano.

Y no me refiero a que errar sea humano (cosa que es verdad), sino a que es parte de nuestro instinto sentirnos atraídos por alguien, sea quien sea.

No es por ser mala persona. No es por fregar a alguien. Menos por venganza.
Cuando las cosas pasan, no hay cadena que ate a los sentimientos.
Los cuerpos se pueden alejar, pero el espíritu y los corazones actúan por sí solos, no por nuestros mandatos.

Deja que lo que sientes alce vuelo.
Que nadie te diga que no lo puedes hacer.
Cuando algo se vuelve verdadero (meant to be), lo demás termina por ordenarse. Los demás terminan por aceptarlo.

Pero no es necesario sacar conclusiones tan rápido.
Dejemos que las cosas fluyan y que pase lo que tenga que pasar. Bueno o malo, alegría o tristeza. Ilusión o decepción. Claro, esperemos que sea lo mejor.

Pero no tomes a la ligera estas verdades.
No son fáciles de asimilar ni de conllevar.

Por el momento está bien: Juguemos a las escondidas.

Tenemos la ventaja de que no tenemos el límite de los tantos segundos.
Aún tenemos tiempo para rato.
Vivamos el día a día sin pensar tanto en el qué pasaría si.
Ese capítulo solo lo escribiremos si llegamos a él.
Mientras tanto, sigamos escribiendo con la misma tinta divertida y llena de cariño el capítulo en el que nos encontramos.

Y que nadie nos diga lo contrario.



Foto:
http://www.flickr.com/photos/francalejandra/2090226546/

domingo, agosto 16, 2009

No te escribiré un poema

*Humano, ergo contradictorio.

No te escribiré ningún poema
porque versos sobre ti sobran en las páginas de nuestras evocaciones.
En las constantes de nuestros reencuentros.

Eso es lo nuestro: una constante.

Y no es que no haya nada más que decir de ti.
Podría escribir líneas infinitas sobre ti.

Pero prefiero una imagen.
Una fotografía tuya.
Un recuerdo infinito.
Un espasmo con tu sonrisa.
Un hedonismo introvertido.
Un temblor magnífico.
Y un orgasmo de colores.

Sería suficiente para que no haya línea que escribir.

Los renglones… pura ilusión.
Los márgenes… una desorientación.


(e intentaré)
Y no te escribiré versos codificados
porque no es mi propósito llegar a tu intelecto.

El único fin de esta tinta es confesarte algo que seguramente ya lo sabes.

Así de contradictorio.
Humano, ergo bestia.

Y sin tanto preámbulo, te lo diré con la misma tosquedad con la que la verdad (la verdadera verdad, la verdad misma) siempre se revela:


“Me gustaste desde el primer momento en que te vi”


Y no lo saqué de ninguna canción, ah. De ningún libro.

No hay que hacer ninguna clase de experimento mental metafísico para llegar a la verdad.
La verdad no está delante de tus ojos.
Pero tampoco tienes que desprenderte de tu cuerpo para poder hallarla.
Esta allí.
Está en tus mismos ojos.
Ojos de humano, ojos de bestia.


Pero te lo diré completo.

“Me gustaste desde el primer momento en que te vi.
Y nunca me vas a dejar de gustar”.

Nunca dejaste de hacerlo.

Me gustaron otras, también.
Pero tú siempre te las ingeniaste para mantenerte ahí.

Como una reminiscencia
como un cálido aliento siempre a mi costado

reaparecías en alguna llamada. A veces tuya, a veces mía.
en alguna conversación por msn interminable.
en alguna aparición por el campus.
en alguna cita (¿nos citamos, no?) en la cafetería.

Una premonición me decía que siempre ibas a volver a aparecer.
Una precognición de una historia que se repetía infinitas veces.

Un eterno amor platónico.
Eso, un amor platónico.


Por eso
no confundas lo intangible con lo palpable.

Si te hablo seguido por el msn, no es porque no pueda estar ahí sin hacerlo.

Y si te gileo, no es porque me derrita por hacerte mía eternamente.

Y si te llamo, no es porque necesite oír tu voz para dormir tranquilo.

Y si te invito a salir, no es porque tenga intenciones de estar contigo.

Y si te hago cariño o me quedo petrificado contemplando tu sonrisa, no es porque me muera por ti.

Y si te doy un beso, no es porque no pueda vivir sin ti.

es porque así sí podré morir tranquilo,
sabiendo que la efigie de tu esencia
permanecerá enclaustrada en una bola de cristal,
que cada vez que se frote, en ese azar de las circunstancias,
una reminiscencia, un déjà vu
revelará tu imagen como una existencia intangible,
capaz de emanar de mí un alucine de ternura perversa
pero incapaz de hacerme miserable, solitario e infeliz.


¿Me dejo entender?

Hubo una vez en la que me gustaste.

Hoy sólo me gustas en sentido figurado.


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miércoles, julio 29, 2009

Se acepta chicas normales

*Ya basta de complicadas.

Así me voy a quedar sin mujeres. Eso está clarísimo. Tengo una tendencia autodestructiva: tengo un imán que atrae a las más complicadas. Y yo no soy así, pero mi radar al parecer sí.

No digo que esté mal que dos personas opuestas se junten. El problema es cuando todo está destinado al fracaso. Cuando después de, te das cuenta de que siempre supiste cómo terminaría, qué cosas pasarían. O que al menos lo pudiste prever.

Las personas siempre buscamos opuestos.
Polo negativo con positivo.
Negativo con negativo no va.
Positivo con positivo no pasa.

A las chicas buenas les gustan los chicos malos. Que las choteen, que se hagan los engreídos, que sean complicados, que su relación esté llena de altibajos, que se peleen por todo, que terminen y vuelvan una y otra vez. Les gusta aferrarse a ellos. Les cuesta pensar que se van a quedar solas. Acaso creen que no encontrarán a otro.

Pero si eres tan buena… Eres una buena persona, serás una buena profesional. Eres linda. Tienes todo el paquete listo y seguramente hay toda una lista de espera. Pero siempre te dejarás convencer por él. Dirás una y otra vez que ya no vuelves, pero en el fondo sabes que lo harás. Y él te regalará cosas, se ganará tu perdón.

Los chicos malos siempre se llevan a las chicas buenas. Se tienen tanta confianza que saben que siempre tienen el control. Que pueden hacer lo que quieran porque ellas siempre los perdonarán. Pueden hacer y decir lo que deseen, porque saben que ellas dirán: “Así es él. Pero lo amo”.

Y los chicos buenos se quedaron en una película romántica en la que el bueno siempre gana y se queda con la mejor chica. Se enamoran perdidamente de ella y darían su vida por ella. Se fijan en todos los detalles. Siempre le dan la razón. Siempre están de acuerdo con ella. Nunca les dicen: “No”.

Y las chicas malas lo ven como a un príncipe azul. Creen que encontraron a alguien que las enrumbará. Dicen que ya han madurado. Que ahora son otra persona. Y sin darse cuenta, poco a poco se van aburriendo. Poco a poco van haciendo lo mismo de siempre. Los mismos errores. La misma historia.

Y la historia (nuevamente llego a esto) se termina volviendo circular. Les hacen una y otra. Y luego los despachan diciéndoles: “Eres muy bueno para mí. Tú te mereces a alguien mejor que yo”.

O sino siguen toda una vida. No siempre tiene que ser algo malo. A veces lo opuesto es perfecto. El complemento que buscamos. Lo que no tengo que ella sí tiene. Lo que tengo que ella no. Mi media naranja. You complete me.

Pero la batería no es eterna. Las pilas, tampoco.
Esos polos tienen fecha de caducidad.
Lo que empieza full pilas termina consumiéndose toda su energía.

¿Nos ponemos las pilas?
Puede funcionar.

Recarguémoslas.
Hagamos un conejito Duracell.

Pero cuidado con el cortocircuito.
No nos vayamos a electrocutar.

No todo lo que se une perdura en el tiempo.

La otra vez una amiga me decía: “Tú siempre te metes con cada chica…”. Le di la razón.

Quizá debería ponerme un cartel en la frente. Diría algo así como: “Se acepta chicas normales”. Y claro, que cumplan con algunos de los requisitos que dije en a mí me gustan todas.

Y es que no sólo me involucro con chicas complicadas; también busco, por alguna razón, a las chicas con las que sería muy complicado establecer algo serio. O al menos llegar a establecer algo siquiera.

Mi instinto autodestructivo (como lo dije en los amores prohibidos y los amores imposibles) me incita a fantasiar (y a veces hasta a involucrarme) con las que tienen novio, con las prohibidas porque son amigas de alguna ex, con la ex de algún amigo mío, con la enamorada de algún pata.

Así, estoy destinado al fracaso.

Y para colmo, sacando cálculos, el 60% de las últimas 10 mujeres resultan ser viejos amores. O amoríos. Es decir, tengo una tendencia a revivir cosas del pasado. Un remember, le dicen. Y una de las restantes es una fruta prohibida. Dulce, MUY dulce, pero dicen que prohibida.

Nuevamente: Así, estoy destinado al fracaso.

¡Por favor, se acepta chicas normales!



viernes, julio 10, 2009

Porque la primera vez siempre es la mejor.

*La primera vez es siempre la mejor. Por eso, siempre renuevo mis primeras veces. Aquí mis 6 grandes temas.


1.Mi primer beso
Me gustaría contar una historia dulce y fresasa, pero no existe. Mi primer beso lo di jugando a la “Botella borracha”. Éramos 3 chicos y 4 chicas. Bordeábamos los 13 años.

Esa noche se adelantaron las cosas. Inocente y soñador, pensaba que mi primer beso sería fantástico: con una chica hermosa (que además me quitara al aliento), temblando a un centímetro de sus labios, mirándonos con ojos de quien está a punto de hacer algo que ha querido hacer toda su vida, con los brazos rodeando y acariciando esa cintura. Y ese beso primerizo pero perfecto. Y la mirada posterior, rozando narices, sonriendo tímidamente. ¿Nos cogemos de la mano? Ese beso que nunca pasó.

En cambio, fue un beso cronometrado. No podría decir que fue como si el tiempo se detuviera. Nada de eso. Y es que así era el juego. “Un beso de 10 segundos con tal”, “uno de 20 segundos con lengua con tal otra”.

Al menos ya podía decir que sabía lo que era besar a una chica.

El tiempo y más mujeres se encargarían de mejorar la técnica.


2.Mi primera vez
Es una regla con nombre propio: “Home alone”. Tenía que suceder, y sucedió.

Esa minifalda (mejor llamémosle microfalda) era un claro llamado a perder la castidad. Esas piernas gruesas y morochas pedían a gritos ser exploradas.
Esos labios gruesos eran un ingreso libre a una gran performance.

Y apenas te conocía. Pero eso no importó. A ese sillón tampoco le importó ser escenario de esos ‘previos’ revoltosos. A ese dormitorio no le molestó apagar sus luces para ser testigo de inaugural acto al desnudo. Para esa cama no fue ningún inconveniente el constante quejido que emitía con cada movimiento. “Jiju, jiju, jiju”. Esas maderas ovacionando el despliegue físico amatorio. Esas sábanas impregnadas de un sudor caluroso, revelador y placentero.

¿A quién le importaba si éramos novatos en la materia? ¿Me demoré en sacarte ese brasier? ¿Qué tan torpe fui con esos inexpertos movimientos? Hacer algunas cosas te daba vergüenza, ¿lo recuerdas?

No hay nada como el primer orgasmo.
God bless el preservativo.


3.Mi primer enamoramiento
Me resulta un tanto extraño y gracioso a la vez hablar de ti, luego de haberme enterado por Facebook hace poco de que eres una feliz esposa. Y yo un solterón sin suerte.

El primero siempre es el mejor: el más ingenuo, el más sincero, el más iluso, el más lindo.

Lo dije hace algunos meses:

“Cómo olvidar mi primer amor. Te vi una mañana soleada respirando brisa sanbartolina, divisándote a lo lejos. De ti debo decir que fue amor a primera vista. Desde el primer segundo que te encontré sobre un pequeño bote azul y amarillo, sonriéndole feliz a la vida rodeada de tus amigas. Tus cabellos amarillos, intensos como el sol de aquella mañana, resplandecientes como el vivo espíritu que a mis cortos 8 años aprendía lo que es estar enamorado.

Y entonces tejí todo un mundo ficticio que giraba alrededor de tu pequeña estatura, pero que contenía un sinfín de caminos en los que tú y yo terminábamos siempre juntos. No pensaba en otra cosa por aquellos días, debo reconocer. Pero mi mayor confesión es que esta locura me duró al menos seis años. ¡Seis años! Es que así eras tú, J. Tu belleza era simplemente indescriptible. Para mí, eras una diosa. Y por eso me sentí como un Dios cuando jugábamos a los ‘enamoraditos’, y tú y yo caminábamos abrazados. Emanabas un aire cálido que me sumergía en un mundo de ensueño.

Y por eso no me perdonaré jamás no haber comprendido esa señal en ese día nefasto que aparentó ser como cualquier otro, pero que años después, de un momento a otro, como si se iluminara un foquito de luz en mi cabeza, cobró total sentido. Porque yo entendí: “¿Sabías que me parece simpático?”. Y respondí: “¡Y eso quién no lo sabe!”. Y tu rostro con esa expresión de confusión y desilusión me lo diría todo años después. AÑOS.

Y es que tú dijiste esto: “¿Sabías que me pareceS simpático?”. Y a mí sólo me restó quedarme con la imagen de ese momento: una mañana sanbartolina, tú y tu pequeño, esbelto y desarrollado cuerpo, tus aproximadamente 15 años en ese entonces, tus dos abultados monumentos a la belleza femenina que tan loco me traían, tu piel desnuda apenas vestida por un bikini azul, tus ojos también azules y tan penetrantes, la huella de tu ser en un amor que no fue y que nunca será.

Cómo olvidarte, J.”



4.Mi primer corazón roto
No todo es lindo cuando uno se enamora. La traición, la decepción, el no ser correspondido, meter la pata, la ausencia de química, todo está a la orden del día. Esos dulces e inocentes quince años resultaron ser un veneno para este corazón. Pero, como diría el gran Calamaro: “primero, te quiero igual”. También lo dije hace algunos meses:

“Me faltarían muchas líneas para escribirte algo. La historia es larga y complicada. Debo decir, antes que nada, que ya me sentía listo para iniciar una relación seria. Y justo allí la vida me estrelló contra la pared. Lo llamé Karma, y culpé a todo lo malo que hice en el pasado.

Pensar en ti es siempre sonreír. Nuestra experiencia es la muestra de que a veces el perdón es un acto perfecto. Todavía recuerdo nuestras noches infinitas conversando por la computadora. Contándonos nuestras vidas enteras y siempre viéndonos por la webcam. Siempre me pareciste tan linda. Por eso te apodé ‘linda’, y ya que eras tan necia, decidí re-apodarte ‘necia linda’.

Ese verano me enamoré perdidamente de ti. Abrazarte sobre tu sillón era estar en el cielo. Tu corazón: mi paraíso. Pero no lo logré, ¿lo recuerdas? Te odié después de lo que pasó, con toda mi alma, lo juro.

Pero el tiempo me hizo perdonar. Fueron seis meses sin hablar y de ahí no habrían más que roces, nuevas conversaciones infinitas y un ida y vuelta que siempre te caracterizó: si terminabas con él, me hablabas y hasta me llamabas; si estaban bien, me olvidabas. Y yo me presté al juego varias veces, ingenuo y aún algo enamorado.

Jamás dejarás de parecerme tan linda como siempre, esa es la verdad. Pero ahora me da gusto saber que estás enamorada y que podemos conversar, matarnos de la risa y ser amigos. Aun tengo todas las canciones que te compuse. A veces las toco y las canto con mi guitarra y recuerdo el sonido de tu risa, tu voz suave y delicada y de niña, tu rostro fino y delgado, tu cuerpo esbelto, tu sonrisa perfecta que alguna vez bauticé ‘sonrisa de postal’.

Siempre me perseguirá la pica de nunca haberte podido arrancar un beso”.
Un beso que pudiese describir de la misma manera como lo figuré al principio. Y es que contigo aprendí a perdonar.


5.Mi primer amor
Tuve que reencontrarte para comprender que todo podía reinventarse y que me había perdido de mucho. Contigo aprendí a amar y a ser amado. Volví a tener una primera cita, un primer beso, una primera cogida de manos, una primera vez. Contigo aprendí que una cosa es que te guste alguien y te enamores de esa persona. Y otra muy distinta es compartir tu tiempo con ella, amar y ser amado.

Contigo me volví a enamorar. Tú fuiste mi primer amor.

Una noche en Starbucks. Los mensajes de texto.
Cuando quisiste conocer mi cuarto. Nuestra primera vez.
Nuestros jueves en mi casa. Mis escapadas por la noche a la tuya.
Tu sillón. Mi sillón. Aviación.

La primera vez que nos dijimos: “Te amo”.
La primera vez que se lo decía con toda sinceridad a alguien, en realidad.

Tus sueños. Mis sueños.
Un anillo. Otro anillo. Una promesa.

La distancia. El retorno.
Las dudas. Las peleas. Las cagadas. Y el desamor.

Sí, contigo volví a aprender todo y mucho más. Todo. Lo bueno, lo malo, lo peor y el colmo. Aprendí a amar y aprendí a odiar. Aprendí a aceptar y volví a aprender a olvidar.


6.Y la eterna primera vez
Y así comprendí, nuevamente, que la historia es circular. Aprendemos, olvidamos y volvemos a aprender.
O quizá sea lineal: aprendemos y aprendemos. Y todo es algo nuevo por descubrir. Cada relación, cada mujer es un nuevo universo, una nueva historia.
Entonces, existe un primer todo, pero existe más un primer todo en constante renovación.

Y yo recuerdo nuestra primera salida y el primer beso que te di en ese bar. Y esa vez que te quedaste acá.

Y hoy espero lo de siempre.
Un primer cruce de miradas. Una primera sonrisa correspondida. Un primer acercamiento. Una primera conversa. Una primera llamada. Una cita. Un abrazo. Nos cogemos las manos. Acaricio tus mejillas. Rozamos narices. Te doy un beso en los labios. Saboreamos los de ambos. Nos tocamos. Lo dejamos para otro día. Nos impacientamos por vernos. Nos conocemos mejor. Nuestra primera noche. Nos desnudamos mutuamente. Nos besamos de los pies a la cabeza. No nos aguantamos. Te hago el amor. Me haces el amor. Sudamos. Gemimos. Sonreímos. Nos miramos. Nos damos un beso y dormimos abrazados. Sin ropa bajo las sábanas. Te digo que te amo. Me dices yo también. Te digo que lo haré toda mi vida y tú que nunca dejarás de amarme. Sabemos que las palabras se las puede llevar al viento. Pero ¡qué importa! Somos felices y queremos serlo hasta el final. Hasta quedarnos sin aliento. Sabiendo que lo dimos todo y que era mejor separarnos.

Y entonces te perdonaré y tú me perdonarás. Y te olvidaré. Y me olvidarás.
Y cada uno volverá a tener una primera vez.

El mundo es así. La vida es una sucesión de fragmentos. Y tú quieres recordarlos todos. Por eso vas a vivir cada uno de ellos como si fuera el último. Besa como si fuese el último beso que vas a dar. Hazlo como si fuese el último acto amatorio, como si fuese el último orgasmo que le podrás dar. Ama como si fuese la última persona a la que vas a amar.

Y vive, siempre vive, porque otra vida no habrá.