sábado, junio 13, 2009

A mí me gustan todas

* Me gustan todas, me gustas tú.



La otra vez conversaba con unos amigos. El tema era el de siempre: mujeres. La mayoría decía que no tenía un tipo definido de mujeres que le guste, aunque prefería tales o cuáles. Cuando me tocó el turno, mi mente se puso en blanco y a la vez tuve mil imágenes: “Me gustan todas”, pensé.

La cosa, entonces, es así.

Me gustan las que saben lo que quieren.
Las que dejan las cosas en claro desde el principio. Que pueden decirte que no quieren nada serio pero que podrían salir sin compromiso. Te lo dicen desde el arranque para que después no hayan daños ni peleas. Perfecto.
Las que pueden cometer errores pero no se ‘confunden’.
Las que te dicen de frente si dejan de sentir algo, y no te mecen a su antojo solo para que no las odies. Es mejor ser sincera a ser egoísta.

Me gustan las atrevidas
Las que proponen y no dejan que el hombre sea el que piense y haga todo.
Las que se olvidan de esperar tanta ‘caballerosidad’ y prefieren una relación donde hombre y mujer pesan igual.
Las que al menos, por lo general, están acostumbradas o dispuestas a ‘ir a medias’. Inclusive, a pagarle al hombre en algunas circunstancias.
Las que en otros campos no tienen miedo del ‘qué dirán’ y expresan libremente otros apetitos. Y no tienen reparos en tomar la iniciativa.
Las choteras, que si no quieren algo te dicen no y punto. Y a veces te cagan, pero me gustan.

Me gustan las que se visten distinto.
Las que fuera de convenciones olvidan lo ‘nice’ y adoptan lo ‘alternativo’. La moda alternativa o moda urbana. En esta ciudad, yo las llamaría las ‘barranquinas’. Ahora también las llaman ‘artis’. Otros les dicen ‘bohemias’. A mí me encantan. Por favor, ¡nunca dejen de ser así!



Me gustan las interesantes
Las que tienen algo atractivo u ocurrente que decir (no necesariamente algo serio, pero algo que llame mi atención).
Las que con simples gestos, miradas, actitudes o formas de vestir captan toda mi atención y me hacen querer saber más de ellas.

Me gustan las que bailan sensual, porque no puedo quitarles la mirada ni dejar de pensar en lo que una buena amiga me decía hace poco: “De hecho los hombres creen que las mujeres nos movemos en la cama como bailamos”. ¡¿Acaso me atreví a contradecirla?!

Me gustan las coquetas, porque me enganchan en una. Me gustan las movidas, porque me atrae lo prohibido. Y por eso me gustan también las chibolas, las inocentes, las tranquilitas. Y también las de mi edad, las experimentadas y las maduras.

Y me gustan todas. Las de contextura promedio, las rellenitas y gorditas, las chatas, flacas (nunca tanto), morenas, blancas (no pálidas), las de pelo negro o castaño o rubio. Las de ojos claros u oscuros. Las de mirada atrevida pero tierna. Las de piel suave y cálida. Las de labios gruesos y de besos perfectos: suaves, sugerentes y luego apasionados. Y, por qué no, en ese trance de besos franceses atolondrados y candentes, las que recorren tu cuerpo con la mirada, las manos y los labios, se dejan llevar por el calor del momento, y se sofocan a plenitud al ritmo lento y luego galopante, de un lado a otro, de un trajín cuyo último jadeo es seguido de una mirada que lo dice todo: al menos en ese momento, así como somos, el uno para el otro. Y nada más importa.


Me gustan todas, y tenga o ya no tenga sentido, me gustas tú, porque tienes mucho de todo lo que he dicho.



*Créditos (son menos pero ya no sé de quiénes usé:p):

domingo, mayo 17, 2009

El amor no mueve montañas

*“¿Y si hubiera hecho algo? ¿Habría cambiado la historia? ¿Todo hubiese sido distinto? ¿Acaso todo habría sido igual?”




Esa carita no se me va a borrar nunca de la cabeza. Inútil sería intentarlo. Tan inútil como yo sólo dedicándome a observarla. Tan infecundo como preguntarme qué habría pasado si es que hubiese hecho algo. Tan absurdo como estar seguro de que hubiese sido mejor.


UN VISTAZO A LO QUE NUNCA FUE
A los 17 años es fácil enamorarse rápido, y yo me enamoré a primera vista.
Todos la vieron, todos hablaban de ella, pero sólo yo me enganché de esa manera. De manera sublime.

Sin embargo, la historia es la misma. Pasó lo que me pasó un par de veces más. Antes y después.

Fue en la academia, cuando estaba terminando la secundaria. La vi y ya no pude dejar de mirarla. Esquivaba miradas, metía excusas, me retrasaba o me adelantaba, salía al baño a propósito. Todo era válido con tal de mirarla aunque sea un par de segundos. Quizá suene a cliché, pero verla era perder la noción del tiempo y del espacio. No me importa si suena a lugar común: esa carita y esa sonrisa angelical… Esos ojitos claros y esa mirada inocente... Esos cachetes sonrojados en un día caluroso, con un polo amarillo que le hacía imponer aun más su presencia… Ese cruce miradas cuando el tiempo era de hielo… esa piel blanca y suave, esos cabellos marrones y ondulados… Esos 16 añitos…

Y me saludaste, ¿lo recuerdas? Era tan obvio que no podía dejar de mirarte. Y entonces me saludaste. Levantaste la mano y me sonreíste. La piel se me puso de gallina. “Hola…”, suspiré. Listo: completamente flechado.

Y entonces, era mi turno, ¿verdad? Ahora me tocaba a mí continuar. Y no hice nada.

Todo quedó en esos saludos, en esas miradas cómplices. ¿Nunca les ha pasado que se derriten tanto por alguien que resulta un sentimiento tan grande como para poder manejarlo? ¿Tan grande como para hacer algo al respecto? Sobre todo a esa edad, digo. Creo que todos hemos tenido un amor platónico que ha nacido y sucumbido justamente con eso, solo algo platónico.

Luego la vi en la universidad, meses después. Recién allí le hice verdaderamente el habla. Conversamos algunas veces. Pero ya no era lo mismo. ¿Por qué? Fácil: ahora tenía novio.

Creo que ya lo tenía desde mucho antes, pero en ese tiempo de la academia estaban separados o algo así. Quizá no. No lo sé. No lo quiero saber. Los gustos, las atracciones, la conexión, el interés, la química, todo es difícil de entender. No tiene sentido muchas veces. No sigue parámetros. Llega de un momento a otro, sin avisar. Tú no eliges quién te gusta, de quién te enamoras, quién te atrae. Simplemente sucede. Y negarlo, hacer caso omiso, resistirse, es muy difícil. Somos humanos. No estamos hechos de piedra.

Hoy recuerdo esa experiencia. Quizá me vino a la mente porque desde hace algún tiempo no tengo a nadie fijo a mi costado. No hablaré de soledad porque tampoco es que esté deprimido ni mucho menos.

La cosa es que lo recordé. La recordé. Y fue entonces que me pregunté cómo sería mi presente si hubiese hecho algo en ese momento. Cuánto habrían cambiado las cosas. A quiénes hubiera dejado de conocer, qué mejores momentos habría tenido. ¿Todo habría sido distinto?

No es la primera vez que lo pienso. En distintos momentos de mi vida he pensado que no estaría nada mal volver al pasado y hacer las cosas de otra manera. En un momento, hace algunos años, se convirtió en una obsesión. Un viaje al pasado. Enumeraba los momentos que quería cambiar. Me iba a acostar y rogaba porque amaneciera varios años antes.

Hoy, caminando por la ciudad, pienso que todo fue un error. Fue una total equivocación querer volver al pasado. ¿Por qué siempre creemos que será mejor? ¿Por qué no simplemente dejamos las cosas como están? Yo creo en el destino, pero no uno ya escrito, sino uno que todos construimos. Lo edificamos así y luego seguimos fabricando caminos en base a eso. No hay vuelta atrás. ¿Todo pasado fue mejor? Muy pesimista. Todo futuro será mejor.

“¿Y si hubiera hecho algo? ¿Habría cambiado la historia? ¿Todo hubiese sido distinto? ¿Acaso todo habría sido igual?”


Pero que sirva de experiencia, entonces. Y modificándole un poco la letra a esta canción de Coldplay, te preguntaré:

“So if you love her/him, won’t you let him/her know?

So if I love you… why do I let you go?”
How do I let you know?
*did I let you know?

sábado, abril 18, 2009

¿Pueden las amigas de tu ex ser también tus amigas?

*why can't we be friends(8)? Ustedes qué dicen..



En una microencuesta que acabo de hacer, el resultado fue 50-50: una amiga piensa que no hay ningún problema en ser amiga de los amigos del ex, y otra cree que “no es la voz”.

Pero fuera de opiniones ajenas, yo creo que es perfectamente normal. Es una pregunta que me hice con la última ex (no recuerdo si lo hice o no con las anteriores). Me pregunté, entonces: “¿Se va con ella todo lo que gira a su alrededor?”. Su familia, su hermana, sus amigas, sus amigos, los lugares que más frecuenta.

Lo que más rápido logré responder fue lo último. Yo iba a frecuentar (y lo hago) los mismos lugares a los que antes iba. Caso resuelto. Lo demás cayó por su propio peso, en su momento. No sabía casi nada de su familia ni de su gente. Pero eso iría cambiando.


EL PAISAJE ERA OSCURO…
Por alguna razón (la sé, pero no la diré) tomé a sus amigas como a ella, y las consideré como parte del mismo problema. Inclusive, en una prematura y paranoica asunción, concluí que hasta eran culpables de una especie de apoyo moral para que se aleje de mí. Como que le daban la razón y hasta agregaban razones.

Pero debo reconocer que no con todas sucedió eso. Con tres sí seguí conversando. Y me mostraron su apoyo y hasta se pusieron de mi lado. Quizá eso puso más leña al fuego para que pensara que las demás estaban en contra.

Peor cuando empezó a salir con alguien. Decidí pensar que consideraban que él era mejor partido que yo. Como que la apoyaban y a mí sólo me recordaban con compasión. A pesar de eso, tomé la decisión de no ser resentido y, cuando me las cruzara, saludarlas y mostrarles mi afecto. Porque al fin y al cabo les tenía (y les tengo) muchísimo afecto.

Entonces llegó ese día. Una de sus amigas se quiso hacer la loca (la comprendo, uno no siempre sabe cómo reaccionar), pero yo me mantuve firme con el brazo en alto saludando. Me devolvió el saludo contenta y cruzamos algunas palabras. A partir de ahí, me la he encontrado muchas otras veces y conversamos un buen rato. También la tengo en el msn y chateamos de vez en cuando. Bravazo con ella.

Igual con otra de sus amigas. De conversar con ella seguido, pasamos a un rotunda nunca, ni siquiera por msn. Varios meses después, decidí que era una grandísima estupidez y le hablé. Ahora somos buenos amigos (antes creo que éramos más una especie de ella amiga de mi enamorada y yo el enamorado de su amiga, que no es para nada lo mismo).


PERO VI LA LUZ.
Fue en algún momento de este proceso que comprendí algo. Me puse en su lugar y recordé cómo pensaba yo cuando un amigo mío terminaba con su enamorada. Recordé que en realidad no me ponía del lado de nadie. Mi amigo seguía siendo mi amigo, y si decidía emprender una nueva aventura con otra persona, pues yo estaba ahí para él. En cuanto a su ex, me parecía lógico que ya no le iba a hablar para preguntarle qué planes o tontería y media. No sé. En esto del terminar es mejor ser cauto, no sabes si están bien o mal. Y poco a poco te das cuenta de que las webas, todos podemos ser amigos.

Entonces cambié de parecer y borré todo lo que había pensado. Ellas no tenían culpa de nada. Hacían lo que tenían que hacer: estar al lado de su amiga. Y ahora las puedo considerar también mis amigas.

¿Pueden las amigas de tu ex ser también tus amigas? Para mí, sí. Aunque, poniéndome en su lugar, comprendo por qué a ella le molesta que así sea. De repente siente que invado su territorio, que sus amigas me prestan atención (atención a alguien que es parte de su pasado y ya no de su presente, tiempo que podrían invertirlo más bien en ella), que sus amigas son “su” posesión y yo se las estaría “quitando”, que simplemente para ella “no es”, o, la más probable de todas, que le moleste que no sea amiga de ella pero sí de sus amigas.

Pero ese ya es otro tema. Acá todos podemos ser amigos de todos y nadie le puede decir a nadie que sea, deje de ser o no sea amigo de nadie.

¡Un amén por eso!




*why can't we be friends? Ustedes qué dicen..

Creditos flickr:
Foto 1 y 2. colors_fade
Foto 3. Pink Sherbet Photography

viernes, marzo 27, 2009

Razones para salir y no salir conmigo

*So if the answer is no.. can I change your mind?(8)

The Killers - Change your mind




5 razones para salir conmigo

1. Las cosas como son desde el principio.
A diferencia de cómo me portaba antes, ahora prefiero que se deje en claro qué busca cada uno cuando recién empiezo a salir con alguien. Debo confesar (con toda la vergüenza del mundo) que casi nunca soy yo el que inicia esa conversación. Por lo general, lanzo cualquier balbuceo o incongruencia y es ella quien empezará a decir qué significa para ella lo que está pasando, lo que busca o no, lo que podría o no llegar a ser, lo que piensa, lo que siente y todo ese rollo. Luego sigo yo: claro, basado en lo que ella diga, pero sin mentir.

2. No tengo tiempo, pero me hago tiempo.
Así es. Estudio por las mañanas, trabajo por las tardes, y mis noches se dividen entre tocar con mi banda e ir al gimnasio. No me verás todos los días, pero sí todas las semanas. Hay gente que dice que no tiene tiempo para salir o estar con alguien. ¿Es mucho pedir una vez a la semana? Mentira, siempre nos podemos hacer tiempo. Si realmente queremos, claro. Yo sí puedo.

3. Diversión asegurada.
No soy ningún contador de chistes ni cague de risa, pero créeme que te divertiré. Si realmente me interesa alguien, me esfuerzo por hacerla sentir recontra cómoda. Y te haré reír, no lo dudes. Si me ves solo dos veces a la semana, haré que valga la pena la espera del resto de días.

4. Te sentirás querida.
Soy cariñoso, y lo veo como una virtud. Nunca meloso, pero sí te trataré bien, te daré besos y caricias, te sentirás querida. Nuevamente, haré que te sientas recontra cómoda. Podrán decir que eso es lo normal, pero hay mucha diferencia entre tenerle cariño a alguien y demostrarlo. (Y solo te lo demostraré si tú también me ofreces cariño. Hace unos días una buena amiga me dijo: "No quieras a quien no te quiera". Qué obvio, ¡pero qué sabia!).

5. Tu vida me interesa.
Egoísta es lo último que voy a ser. Siempre me voy a interesar por tus cosas, por lo que hagas en la universidad o en tu trabajo. Te voy a preguntar y me voy a involucrar en tus preocupaciones, dudas, miedos y alegrías. Así a veces sea solo con palabras, porque tampoco te quiero asfixiar, también te quiero dar tu espacio y exigiré que respetes el mío.


5 razones para no salir conmigo

1. No me gusta ser choteado.
No me gusta que me cancelen, que si quiero salir un fin me digas que no y ni siquiera me plantees una alternativa. Comprendo que puedas estar cansada, que tengas otro compromiso etcétera, etcétera, pero no comprendo la simple negación. Me desespera, me irrita. Fácil soy un toque resentido. ¡Qué se le va a hacer!

2. Puedo ser muy insistente.
A veces puedo ser muy necio. Como no comprendo del todo lo anterior, te insistiré para vernos. Hasta cambiaré cualquier plan que se me había ocurrido contigo, para amoldarlo a lo que se acomode a tu cansancio, poco tiempo o lo que fuere. Perdón, pero si soy así es porque realmente me interesas, porque en realidad tengo unas ganas enormes de verte.

3. Soy humano.
Por ende, cometo errores. A veces la cago sin querer, digo cosas que no debería, tengo miedos y dudas. Me marca un pasado que me hace ser muy desconfiado. Si antes me entregaba mucho más, ahora soy más reservado. Ahora tengo más orgullo, y aunque hay cosas que quisiera hacer no las haré por eso. Si discutimos, no te daré la razón así porque sí, no seré el primero en llamar; y si fue tu error, no te perdonaré tan fácil, no haré nada si tú no haces nada, y moriré en esa ley si así es como debe ser. Y, sobre todo, como también eres humana, daré por hecho que has cometido errores, que no eres ninguna santa a cada segundo de tu vida. Cuando hagas algo que me haga dudar de tu compromiso, no te creeré así no más solo porque te quiero y porque sé que también me quieres. Dudaré y siempre tendré una barrera que me protegerá si es que efectivamente algo malo llega a suceder. Es como si estuviera avisado que algo malo puede suceder, y si pasa, y si vuelve a pasar, pues ya no dolerá mucho. Pero bueno, tampoco hay que tomarlo tan al pie de la letra. Si salgo contigo es por algo, voy a confiar en ti, hasta cierto punto.

4. No me malinterpretes.
Mucho cariño puede malinterpretarse, lo sé. Podemos estar saliendo, y quizá ese afecto que te demuestro está sobredimensionado. Quizá es menor del que verdaderamente representa en mi corazón. No lo hago a propósito. Es quizá algo así como un exceso de cariño. Pero si te demuestro eso, de todas maneras te tengo afecto, y mucho.

5. El largo camino de la seguridad.
Esto no sucede siempre, pero me ha pasado en varias ocasiones. A veces, me cuesta estar seguro de lo que quiero. Me demoro mucho. Quizá me tome 4 meses (con choteada a la mitad de este proceso y rectificación incluida) estar seguro de que quiero estar contigo y entonces decírtelo. Quizá me tome muchísimo menos. Depende de muchas cosas. Igual, el hecho de que te tome menos tiempo enamorarte de una que de otra persona no garantiza absolutamente nada.

Estas son algunas de mis virtudes y defectos como "salida" o "cita" de alguien. Hay muchas otras, pero escogí estas. ¿Qué dices?


*So.. if a had a chance, would you let me know?(8)


lunes, marzo 02, 2009

El viejo truco de la infidelidad

*Controversia. Que no se me juzgue.

En estas semanas la vida me ha contado dos historias muy distintas. A ver qué opinan.

El viejo truco de la infidelidad
Ordenando los cajones de su cuarto, J se dio con una sorpresa. Encontró una carta con su nombre encima. No la había visto antes. La abrió y el tiempo y el espacio pasaron a ser simple ficción. Se recostó sobre su cama y miró a través de la ventana. Puro lugar común, pero así fue como sucedió.

¿Qué habrá leído J que lo dejó así de anonadado? La carta la firmaba una amiga de C, la ex enamorada de J. Y empezaba con esta frase: “C ya lo sabe. Lo sabe todo”.

J continuó leyendo: “Tu rostro es el rostro del descaro. Cómo puedes siquiera pedirle a J que sea tu amiga. Ella que se portó tan bien mientras estuvo de viaje y tú le pagas así. Encima ni le contaste la verdad.”

¿Cuál verdad? “Ya nos contaron. Conociste a una gringa y la besaste como si fuera la primera mujer que besabas. No digas ahora que fue solo una vez. C no te creerá nada. Encima, la has estado llamando a su país para ir a visitarla. Y todo, mientras le decías a C que la amabas y que te casarías algún día con ella”. Floro barato.

Entonces J cogió la foto que tenía de C en su armario, le acarició el rostro y le secó las lágrimas. Recordó ese momento: se sentía solo. La extrañaba. Necesitaba cariño y ella no estaba ahí. Quisiera decir que no significó nada, pero entonces ¿cómo podría explicar esas llamadas y ese deseo de unirse? Injustificable. Inexcusable.

Pensó en llamarla y decirle que sí la amaba y todo lo que le dijo era cierto. Pero ¿tenía siquiera algo de credibilidad? Decidió no hacer nada. Ya suficiente daño le había hecho. Resolvió dejarla en paz y hacer su vida por otro lado. Ya lo estaba haciendo igual. Miró la foto de su actual enamorada y se dijo a sí mismo: “La quiero, veo una vida con ella”. Acto seguido pensó por un par de segundos, suspiró y añadió: “pero no estoy locamente enamorado como lo estaba de C”.

Lección anticipada
Ch siempre se las dio de muy liberal y pensó que ya había estado en toda situación posible en cuanto a relaciones. Pues se equivocó. Esta no se la esperaba. Menos esperaba que algo que parecía tan simple pudiese ser complicado.

Cuando se lo comentó a M, éste le soltó unas sabias palabras: “Apenas sientas que la extrañas, te sales del juego”. Ch sonrió pensando que sería una exageración. Es decir, lo que empieza como nada serio termina como nada serio. Craso error.

Ch empezó a tener muchas dudas. ¿Qué involucra una relación abierta? Recordó que lo dejaron en claro con R cuando comenzó todo. Pero, al parecer, no estaba realmente claro. O sea, ok, sin compromisos, sin exclusividad. Puede salir con otro, pero si se aparece uno y se la intenta llevar por ahí, ¿normal? ¿Me molesto, hago algo al respecto? ¿Me molesto pero finjo que no pasó nada porque no tengo exclusividad?

Y M tenía aun más sabiduría: “cuando sientas que tu insistencia parece ya un ruego, significa que es mejor dar un paso al costado”. Ch lo sabe pero le cuesta hacerle caso. Dice que tiene una debilidad por ser autodestructivo. Y es que justamente es consciente del final destructivo que le puede tocar, pero no le importa. Cuando el camino es dulce, el final puede ser amargo.

Y entonces abrió el periódico y fue de frente a leer el horóscopo. “… no mendigues amor a quien no tiene intenciones de dártelo”, decía. Pero como hasta ahora no tiene claro si su signo es uno o el siguiente, entonces también lee el otro: “sales de dudas, frustraciones y confusiones personales”. En realidad, no ha salido de nada. Tampoco mendiga amor. Pero creyó entender algo de lo que leyó. Una luz a su situación. O quizá fue un simple reflejo y aun no entiende nada.

Qué será de su historia.

domingo, febrero 15, 2009

Cupido no es mi amigo (ahora si se ve en explorer!)

*Quiero ser amigo de Cupido


Satanás de San Valentín

Odio los 14 de febrero. No los espero pero cuando están cerca es imposible no saber qué día exacto caerá, y eso rondará tu mente los días previos. Imposible zafarse. Mucha presión si no tienes a nadie al costado. Cuando estás con alguien todo es más fácil, hasta te gusta aunque no lo admitas. De repente no eres de los que regalan flores y preparan algo especial, pero de que lo celebras, lo celebras. ¿No tienes cita? ¿Acaso la necesitas? Ser soltero es una de las mayores bendiciones que me han dado.

Muérete, Cupido.




San Noel de Valentín

¿A quién le miento? Cada 14 de febrero me hago la misma pregunta: ¿Por qué diablos estoy solo? Nunca encuentro respuesta. Lo peor es que siempre hay alguien que, a distinta escala, me mueve el piso, pero no pasaré San Valentín con esa persona, simplemente porque no es. Llámese “tiene enamorado” (entonces solo atino a escribirle una canción, grabarla pero solo mandarle la letra, y titularla “14 de febrero (sonrisa de postal”), o dígase “saliendo sin compromiso” (y nos encontraremos en el mismo tono pero cada quien estará más por su lado, porque claro, el 14 de febrero es una fecha prohibida si es que no hay compromiso, expectativa ni exclusividad u_u).


Y me gustan cuando he tenido enamorada. Porque me hacen una cena romántica en su casa, con comidita, postre y vino. Hasta regalito. Y “regalito”, también. Aunque cuando está de viaje no es tan divertido, pero igual, lo esperas y lo celebras, a su manera.


El día del amor

Pero yo no tengo amor. O sea, "amor”. No tengo novia. Salgo con esta chica, pero no “salgo”. Es lo que se dice “relación sin compromiso”, o sea, sin expectativas, sin exclusividad. Ya lo dije antes, pero tenía que repetirlo. Para lo moderno y liberales que somos, esta situación debería ser la cúspide de las relaciones entre personas. Open relationship, como dicen.


No es la primera que he tenido. Seguramente no la última. Pero es la actual. Y por eso debe importar. Que es un fruto prohibido, podría ser. Digamos que estoy rompiendo una regla básica entre patas. Y no es que sea un mal amigo, es solo que no creemos en nadie. Incluso este amigo tampoco cree en nadie. ¿Entonces, cuál es el problema?

No hay problema.



En realidad, ya desde hace tiempo que dejé de esperar cosas de las mujeres. No es que sea un agnóstico del amor ni mucho menos. Me encanta el amor (y también hacerlo). Es solo que esperar mucho te hace siempre recibir poco. No poco, pero no tanto como quisieras. Te pones una valla muy alta, dices. Entonces mejor la bajas (de paso también bajas la guardia) y decides que nadie te volverá a defraudar. ¿Por qué? Porque tu premisa básica será la siguiente: mi pareja es un ser humano y todos cometemos errores. Todos la cagamos sin querer. Todos hacemos daño y a todos nos hacen mierda alguna vez. Simple: nadie está libre de dar ni de recibir. ¿Entonces? Fácil: si eres consciente de que eso puede pasar, entonces cuando pase ya no sufrirás tanto, porque de cierta manera te lo esperabas.


Créeme que la vida, así, es mucho más fácil.


Pero igual flecha. La flecha siempre te alcanza.


Quizá es mejor hacerse amigo de Cupido.


Así quizá se ahorre eso de ‘loquito flecha’ en tu presencia.

miércoles, enero 28, 2009

El negocio del amor (o business is business)

*¿Se podrán aplicar también a las relaciones entre parejas?




La otra vez me crucé con la columna de Bruno Giuffra, en la revista Somos. Hablaba de reglas a tener en cuenta en una negociación entre empresarios. Inmediatamente se me vino una pregunta a la mente: ¿Se podrán aplicar también a las relaciones entre parejas?


Podrá sonar frío, pero cierto. Nuestro día a día es una constante negociación. El mío lo es quizá obsesivamente, desde que me despierto. Aun no he abierto los ojos, pero ya estoy decidiendo si me levanto o duermo un poco más, lo cual implica menos tiempo para el aseo y el desayuno, ¿dejo el pan para el carro? ¿Llego una hora después al trabajo y me quedo hasta una hora más tarde? Negocio conmigo mismo y luego igual con las demás personas durante el día.


Cada relación es una empresa: implica planes y metas, hay que sacarla adelante, hay que tomar riesgos, recibes beneficios y, claro, uno tiene que negociar con la pareja. Siempre. Giuffra propone 8 pasos para triunfar en una negociación. Repito, ¿se podrán aplicar también a las relaciones entre parejas?


1. La primera regla que se debe tener en cuenta es que (uno) recibe lo que negocia y no lo que merece.

Brillante. Si crees que obtendrás todo lo que quieras de tu pareja, te equivocas. Lo que suceda será producto de cómo llevaron las cosas en su relación. Puedes pensar en el karma también, y de paso recordar aquella frase que dice “Un país elige al gobernante que se merece”. ¿Tienes tú el novio que te mereces? Porque uno siempre cree que se merece mucho, pero, recuerda, ‘lo que mereces’ puede significar mas bien ‘tu merecido’.


2. Siempre hay que buscar una figura en la que ambas partes ganen algo.

Lúcido. A veces (o muchas veces) hay que ceder. Es simple: todos queremos ganar en una relación, pero como las personas somos distintas y queremos diferentes cosas, entonces no deberíamos aspirar a ganarlo todo en esa relación. Sería egoísta. Cede en algunas cosas y obtendrás las otras de buena gana. Claro, si es que cedes con buena cara, también.


3. La negociación en sí es un proceso y no un evento.

Clarísimo. La negociación durará toda la relación y hay que desarrollarla y fortalecerla. Nos vamos haciendo duchos en la materia y somos conscientes de que cada pequeña negociación es parte de una mayor, no son aisladas. Ahí está el truco.


4. Aprenda todo lo que pueda sobre la otra parte antes de empezar a negociar.

Al menos en nuestro caso esto debería ir al principio. Es como descubrir, descifrar o leer el currículum de la otra persona antes de aventarse a la piscina. Ojo: tanto para decidir si en realidad quieres una relación con esa persona, si realmente sería una empresa exitosa, o para saber mejor cómo llevar las cosas durante esa relación. De todas maneras habrán aspectos de uno que recién se conozcan en el momento, es lógico, pero es mejor saber todo lo que uno pueda antes de. Con lo cual lanzo una recomendación muy personal: salgan un tiempo primero con esa persona. Aunque les guste mucho desde un principio, las personas no siempre son como se muestran en un comienzo, así que es preferible salir unos meses y de ahí ya formalizar. Es solo un consejo, podrían no seguirlo y les podría ir muy bien también. Y viceversa, créanme. Aun así habrá aspectos que recién conocerás una vez terminada la relación. Porque, como tú sabes, todo secreto se llega a saber, tarde o temprano. Hasta los más escondidos (¿no es así, mi estimada?).


5. Defina bien los límites de su negociación.

Siempre ten claro cuánto vas a tolerar de la otra persona. Tenlo clarísimo, porque si no en el momento puede que aguantes mucho más de la cuenta, o que pases varias cosas por agua tibia que luego vayan dinamitando la relación. Si la pita de tu tolerancia se puede jalar demasiado, recuerda que todo se rompe en algún momento.


6. Acepte el silencio. Que no le incomode utilizarlo como herramienta de negociación.

Giuffra, convertido en un genio, dice: “recuerde que uno es esclavo de sus palabras y amo de su silencio”. Hay distintas razones por la que a veces debes simplemente callar: has hecho algo malo, has pedido perdón y ahora aguanta no más el griterío que te va a caer (olvídate de las excusas, no le busques razones a todo tampoco); cometiste un error que, por el bien de la relación, es mejor no decir, pero sí corregirlo por tu cuenta o arrepentirte y nunca más volver a hacerlo; el silencio a veces puede decir más que mil palabras; los actos, también.


7. Ante la intimidación, no demuestre temor.

No te dejes pisotear y nunca pierdas tu independencia. Y si otros cuestionan tu relación, recuerda que es tuya y no de ellos, y por más que pueda ser difícil, la historia de David y Goliat a la que hace referencia Giuffra siempre es alentadora.


8. Finalmente, establezca un clima de cooperación y no de conflicto.

Sí y no. Hay que llevar una relación pacífica y de cooperación, en la que ambos se ayuden a ser mejores personas, ese debería ser el fin póstumo. Pero tampoco debe ser todo perfecto: las peleas a veces pueden ser un ingrediente que le dará más sabor a tu relación. ¡Que no se te pase la mano no más! Y cito al buen Giuffra: “al final de cuentas, usted debe armar relaciones que sean duraderas. El desgaste empresarial que ocasiona un conflicto de negociación es un tanto inútil y, por otro lado, el mundo siempre da vueltas, por lo que evitar un conflicto CASI siempre es lo más inteligente. Utilícelos (estos 8 consejos) y verá cómo alguna ventaja obtendrá”.



Clarísimo. Yo espero llevarlos a la práctica pronto, muy pronto. ¿Será?